Llegado el día de la carrera, emprendieron ambas la marcha al mismo tiempo. La tortuga en ningún momento dejó de caminar y, a su paso lento pero constante, avanzaba tranquila hacia la meta. En cambio, la liebre, que a ratos se echaba a descansar en el camino,se quedó dormida. Cuando despertó, y moviéndose lo más veloz que pudo, vio como la tortuga había llegado tranquilamente al final y obtenido la victoria.
Con constancia y paciencia, aunque a veces parezcamos lentos, obtendremos siempre el éxito.
Haz un comentario dando tu opinión sobre esta fabúla y la constancia en el trabajo. Despacio se llega lejos.







